Autorretrato

1950

Korda inventa la fotografía de moda en Cuba con la fuerza de un estilo totalmente personal. No se parece a nada ni a nadie.
Se pudiera decir que no estaba sometido a las sugestivas influencias de los maestros del momento – Avedon, Penn, Blumenfield – por el contrario su dirección es la opuesta de la imagen en boga. En tanto esta es ambientada en en espacios lujosos, índice de la alta sociedad, con las modelos que actúan como aristócratas, así las ambientaciones de Korda son extravagantes, para esa época. Y extraordinariamente actuales en la fotografía de moda contemporánea.
Aunque la pose está bien estudiada, él elige lugares por lo menos inusuales: jardines en decadencia, cienaguas o lagunas, las playas – gran atractivo del turismo cubano – están apenas insinuadas.
Korda no las explota como elemento de identificación del deseo.
Hay, además, otro elemento inusual en sus fotografías: la no centralidad de la protagonista, la moda.
Pone la modelo, la bellísima Norka, en segundo plano que se convierte en hábil juego para atraer la atención en la ropa, fin principal de la imagen.
A veces unos particulares o detalles de la imagen – gran hoja de palma, un árbol esquelético, un barco, unas columnas neoclásicas – asumen proporciones preponderantes que, en el primer momento, parecen desviar la atención, pero en realidad funcionan como estímulo a la curiosidad.

Giuliana Scime